Hace un tiempo, había escrito sobre la singularidad, ese teórico punto en el tiempo donde logremos una computadora capaz de obtener conciencia pegando un salto cualitativo respecto al progreso observado en las computadoras para permitir que estas asomen a ese raro fenómeno que llamamos conciencia.
Hoy leo en la Dr. Dobbs un artículo que tangencialmente toca el tema. El artículo es bastante menos especulativo que el que apareció en Spectrum, y habla de problemas actuales que se resuelven mejor pensando en un software capaz de aprender del entorno por medio de la incorporación conocimiento y no en software estructurado como una cantidad de reglas fijas que se aplican en cada situación para decidir la conducta a tomar.
Así, dice el autor, uno podría enseñar a un vehículo espacial no tripulado (el autor fue CTO y CIO de la NASA) a sentir 'temor' ante determinadas situaciones, de forma que este las evite evaluando la intensidad del 'temor'.
Suena lógico y las redes neuronales produjeron más de un éxito, no es mi deseo negarlo.
Sin embargo, me parece, este modelo de aprendizaje se enfrenta con algunas limitaciones serias. En primer lugar, es deudor de la teoría del asociacionismo , que pretende que el aprendizaje es, simplemente, la formación de asociaciones entre conceptos. En su forma más extrema, el conexionismo, sostiene que las redes asociativas, expuestas a entrenamiento, pueden explicar toda la cognición. La idea del conexionismo sostiene que no se necesita más que el modelo de conexiones que se influyen unas a otras para explicar nuestra inteligencia.
No es mi intención y está lejos de mis capacidades tomar partido en la disputa académica, solo digo que me siento persuadido por el argumento de que nuestros procesos mentales se basan en las combinaciones de partes significativas, y muchas de esas partes significativas y del proceso combinatorio, muy probablemente, haya sido moldeado por millones de años de evolución y esté presente en nuestro cerebro desde que nacemos. La idea, que ha venido a cuestionar el conexionismo, se llama sistematicidad (sistematicity)
Volviendo al ejemplo del vehículo espacial no tripulado y su temor a las situaciones peligrosas, a nosotros nadie nos ha enseñado a sentir temor, como sabe cualquiera que haya convivido con un niño de pocos meses y observe sus miedos a la oscuridad, a la soledad, a los ruidos estridentes. El argumento cobra más fuerza cuando hablamos de animales. El 'miedo' es un sentimiento favorecido por la evolución (los peligros del entorno se encargaron de quienes no habían desarrollado un cerebro equipado para sentir 'miedo') que no se aprende. El golpe a la teoría del asociacionismo es inevitable: el aprendizaje se da sobre la existencia de un sistema especializado, siendo el aprendizaje más el seteo de algunos parámetros ('algunos' puede significar un número terriblemente alto), que la formación de asociaciones.
Noam Chomsky (en su faceta de lingüista) ha propuesto que el lenguaje es una capacidad innata, que sigue una gramática universal que tenemos impresa en el cerebro y que el entorno 'solo' viene a llenar algunos parámetros para que adoptemos nuestra lengua madre. Algunos experimentos parecen darle la razón (aunque solo sea un forma preliminar), y su idea de la gramática universal se ha extendido, al menos con un nivel de éxito que amerita ser tomado en cuenta, a otros ámbitos, como por ejemplo, la moral. (la manera en que nuestras intuiciones morales innatas pueden complicarnos la adopción de determinadas formas de trabajo podría ser un buen tema para un próximo post)
En este contexto, no diría que el conexionismo está muerto, pero al menos debe abandonar sus ideas más extremas, como que se puede aprender sin reglas que especialicen los instrumentos para el aprendizaje. O dicho de forma más clara: un software que aprende, para ser lo suficientemente confiable como para guiar un vehículo no tripulado que puede terminar estrellándose en la ciudad de New York (o en cualquier otro lado) debería tener una cantidad de reglas que lo preparen para aprender aquello que queremos enseñarle. Verdad de perogrullo? No para mis profesores de inteligencia artificial en la facultad.
El autor de la nota no dice directamente que los 'dispositivos de aprendizaje' que propone sean de propósito general, pero se orienta en algunas afirmaciones, que, en mi opinión, van demasiado lejos: asegura que es el ambiente el que determina como funciona la memoria, lo que está lejos de estar demostrado. O cuando habla de plasticidad ("plasticity": the ability to form connections and reinforce connections based on previous training) olvida mencionar las limitaciones que tiene la plasticidad de nuestro cerebro.
Tal vez la afirmación más extrema del autor sea que the machine's performance is modeling that of the mammalian brain. Esto se pasa unos cuantos pueblos: a lo sumo lo que se está modelando es la parte que creemos entender del funcionamiento del cerebro de los mamíferos.
Todo esto, aunque sea para no creer a libro cerrado las promesas del marketing más o menos encubierto que el tipo hace de su compañía en ese artículo.
Friday, December 19, 2008
Wednesday, December 17, 2008
Oportunidades perdidas y mejoras inesperadas
Con frecuencia caigo presa de la sensación de oportunidad perdida. No es de extrañar, porque, en definitiva, haciendo retrospectiva y con el curso de los acontecimientos ya claros, la mejor estrategia siempre parecerá algo así como obvia. Y uno, que siempre cree que ha intuido correctamente el curso de los acontecimientos, se lamenta de no haber elegido la mejor estrategia.
La sensación de oportunidad perdida me asalta con frecuencia cuando me pongo a pensar en mi carrera universitaria. No es que no haya aprendido nada, pero no puedo evitar pensar que tanto tiempo y esfuerzo debieron haber dado más.
Esa sensación me asaltó de nuevo cuando por una de esas malsanas casualidades di, por segunda vez en mi vida, con un librito pobre que fue escrito con el objetivo de introducir la problemática de la ética profesional en el desarrollo de software (o al menos así me lo presentaron). El librito en cuestión cuenta la historia de un accidente provocado por un robot que, al mover equivocadamente su brazo mecánico, mató a su operador. Sí, lo tuve que leer para una materia de la que prefiero olvidarme dada por un profesor del que prefiero no recordar su nombre.
Es de lo peor que he leído (y eso que he leído cada porquería, solo por citar algunas). No le falta ninguno de los tópicos: el programador prima donna que porque es un desordenado toma apuntes a mano en un cuaderno (y no en un libro de actas de escribano o en unos bajorrelieves en la pared de la oficina, como parece ser la opción que le queda cómoda al autor, dado que la wiki en 1996 no era una opción), el físico que refunfuña y quiere enviar a la cárcel a un tipo porque confundió elementos de una fórmula (los ingenieros saben que los físicos son antisociales, refunfuñan, difícilmente se les entienda algo alguna vez y son intolerantes con todos los que no entienden su oscuridades). Por supuesto, como el físico es físico y es un cabrón (que es lo mismo) le explica al periodista el error de programación sin hacer el más mínimo esfuerzo por no usar palabras técnicas y hacer el asunto comprensible para alguien no técnico (de hecho, si el error que describe el personaje del físico en ese libro tiene sentido, yo no lo entiendo).
Por último, hace su entrada el gran profesor de ética que, a través de una maravillosa entrevista, nos viene a dar todas las respuestas. Este último personaje sería un sentido homenaje que el autor del libro se hace a sí mismo. El autor es un genio, y no lo creen pregúntenle a él.
Que llevó a mis profesores de entonces a maravillarse con ese libro cuando un análisis de un hecho real hubiese sido mucho más rico? No quiero ensañarme con ellos, pero , que tal el análisis del desastre del Challenger y del informe completo de la comisión Rogers, en particular del informe en minoría del que ya hablamos?. Recuerdo que leímos el libro con moderado interés, pero la sensación de que la historia era demasiado obvia y los 'plot devices' eran bastante gruesos, sumado al tamaño injustificado, hacían que la historia no terminara de despegar.
El análisis del desastre del Challenger, por otra parte, era un hecho real: aún si alguien tenía la sensación de que la historia era demasiado obvia y demasiado orientada para darle argumentos a una tesis final, la realidad era incontrovertible. Si hablamos de ética profesional, el informe en minoría era un excelente ejemplo de lo que realmente implica la ética profesional y la honestidad intelectual. No puedo evitar pensar que hubiese sido muy enriquecedor conocer en la universidad unos cuantos autores que hoy pienso imprescindibles.
Celebro, por eso, la idea de Juan Ramonet, quien fue mi profesor en las materias de investigación operativa, de agregar 'El placer de descubrir' (de Richard Feynman y que incluye el informe sobre el desastre del Challenger) a la lista de libros a leer durante la cursada de una de sus materias. Celebro, además, haber tenido un profesor como Juan (*): dado que los humanos tendemos a recordar lo bueno y olvidar lo malo, el haber tenido un profesor así hace que piense que mi carrera ha sido mejor de lo que en realidad fue.
(*) Cuando lo conocí, Juan repetía que "la mejor prueba de la decadencia de la universidad de buenos aires es que yo sea titular de cátedra, cuando estoy a lo sumo para jefe de trabajos prácticos. Y lo peor es que soy uno de los mejores profesores". Con la probable excepción de que no pienso que no esté calificado para estar donde está, estoy de acuerdo con la frase.
La sensación de oportunidad perdida me asalta con frecuencia cuando me pongo a pensar en mi carrera universitaria. No es que no haya aprendido nada, pero no puedo evitar pensar que tanto tiempo y esfuerzo debieron haber dado más.
Esa sensación me asaltó de nuevo cuando por una de esas malsanas casualidades di, por segunda vez en mi vida, con un librito pobre que fue escrito con el objetivo de introducir la problemática de la ética profesional en el desarrollo de software (o al menos así me lo presentaron). El librito en cuestión cuenta la historia de un accidente provocado por un robot que, al mover equivocadamente su brazo mecánico, mató a su operador. Sí, lo tuve que leer para una materia de la que prefiero olvidarme dada por un profesor del que prefiero no recordar su nombre.
Es de lo peor que he leído (y eso que he leído cada porquería, solo por citar algunas). No le falta ninguno de los tópicos: el programador prima donna que porque es un desordenado toma apuntes a mano en un cuaderno (y no en un libro de actas de escribano o en unos bajorrelieves en la pared de la oficina, como parece ser la opción que le queda cómoda al autor, dado que la wiki en 1996 no era una opción), el físico que refunfuña y quiere enviar a la cárcel a un tipo porque confundió elementos de una fórmula (los ingenieros saben que los físicos son antisociales, refunfuñan, difícilmente se les entienda algo alguna vez y son intolerantes con todos los que no entienden su oscuridades). Por supuesto, como el físico es físico y es un cabrón (que es lo mismo) le explica al periodista el error de programación sin hacer el más mínimo esfuerzo por no usar palabras técnicas y hacer el asunto comprensible para alguien no técnico (de hecho, si el error que describe el personaje del físico en ese libro tiene sentido, yo no lo entiendo).
Por último, hace su entrada el gran profesor de ética que, a través de una maravillosa entrevista, nos viene a dar todas las respuestas. Este último personaje sería un sentido homenaje que el autor del libro se hace a sí mismo. El autor es un genio, y no lo creen pregúntenle a él.
Que llevó a mis profesores de entonces a maravillarse con ese libro cuando un análisis de un hecho real hubiese sido mucho más rico? No quiero ensañarme con ellos, pero , que tal el análisis del desastre del Challenger y del informe completo de la comisión Rogers, en particular del informe en minoría del que ya hablamos?. Recuerdo que leímos el libro con moderado interés, pero la sensación de que la historia era demasiado obvia y los 'plot devices' eran bastante gruesos, sumado al tamaño injustificado, hacían que la historia no terminara de despegar.
El análisis del desastre del Challenger, por otra parte, era un hecho real: aún si alguien tenía la sensación de que la historia era demasiado obvia y demasiado orientada para darle argumentos a una tesis final, la realidad era incontrovertible. Si hablamos de ética profesional, el informe en minoría era un excelente ejemplo de lo que realmente implica la ética profesional y la honestidad intelectual. No puedo evitar pensar que hubiese sido muy enriquecedor conocer en la universidad unos cuantos autores que hoy pienso imprescindibles.
Celebro, por eso, la idea de Juan Ramonet, quien fue mi profesor en las materias de investigación operativa, de agregar 'El placer de descubrir' (de Richard Feynman y que incluye el informe sobre el desastre del Challenger) a la lista de libros a leer durante la cursada de una de sus materias. Celebro, además, haber tenido un profesor como Juan (*): dado que los humanos tendemos a recordar lo bueno y olvidar lo malo, el haber tenido un profesor así hace que piense que mi carrera ha sido mejor de lo que en realidad fue.
(*) Cuando lo conocí, Juan repetía que "la mejor prueba de la decadencia de la universidad de buenos aires es que yo sea titular de cátedra, cuando estoy a lo sumo para jefe de trabajos prácticos. Y lo peor es que soy uno de los mejores profesores". Con la probable excepción de que no pienso que no esté calificado para estar donde está, estoy de acuerdo con la frase.
Thursday, December 4, 2008
Tengos unas cuantas cosas para hacer...
... pero me voy a tomar un rato para escribir este artículo. Escribo este artículo y luego, lo juro, sigo con el Gantt que tengo que hacer (*).
El asunto es que estaba posponiendo algunas obligaciones y en la búsqueda de buenos motivos para seguir posponiendo, di con un interesante artículo de Scientific American Mind (online acá) hablando sobre la tendencia a procrastinar.
Uno, que no cree en coincidencias jungianas, tiende a interpretar estas ‘casualidades’ como demostraciones de que en realidad la cosa no es tan rara y poco común: al fin y al cabo, si algo me ocurre no es que haya una fuerza misteriosa que lo guía sino que había una probabilidad razonablemente alta de que suceda. Según el artículo, el 20% de la gente procrastina (discúlpeseme el verbo) razonablemente seguido, lo que justifica unas cuantas páginas en Internet al respecto y un artículo en el Scientific American Mind.
Hay un motivo para procrastinar: evolucionamos en un ambiente donde la vida era bastante más impredecible que ahora (en el próximo minuto, muchas cosas podían matarte), donde la vida era mucho más corta y donde no tenía demasiado sentido pensar en el largo plazo. En ese ambiente, desarrollamos la tendencia a infravalorar las recompensas y las pérdidas cuanto más lejos estén en el tiempo (y no solo por el concepto de interés monetario) a favor de la satisfacción inmediata.
Como muchas de las cosas que hoy nos causan problemas (el artículo cita unos estudios que hablan de los problemas financieros, laborales y de pareja que sufren los americanos por culpa de esto), la procrastinación tiene, y particularmente tuvo, efectos benéficos. Quiero decir que es fácil dejar atrás algo que nunca sirvió y que no sirve. El problema viene cuando cosas que sirven o sirvieron por mucho tiempo se vuelven perniciosas.
Queda claro por qué la procrastinación sirvió y como ha evolucionado, no solo en los humanos, sino en nuestros primos monos. Cuenta el artículo que se ha sometido a monos a un estudio (lástima que en la edición online no estén las citas), que muestra la tendencia a procrastinar de nuestros primos cuando la recompensa se percibe como lejana en el tiempo.
Ahora, yo creo, como uno de los comentaristas del artículo, que a veces es una buena estrategia posponer decisiones y tareas: en caso contrario gastaríamos energías en cosas que, en perspectiva, no resultan ser tan apremiantes. Esto lo sabe cualquiera que haya trabajado en una empresa con la tendencia a adoptar problemas de moda: problemas que todo el mundo tiene en la boca un tiempo, que se asumen como la prioridad máxima a ser resuelta, se hacen millones de presentaciones mostrando lo terrible que es ese problema y el infierno que espera si no se resuelve pronto y de poco se va apagando el entusiasmo y el apuro, sin que la situación subyacente haya cambiado en lo más mínimo. Claramente, gastar energías en problemas así, dejándose llevar por los impulsos de la manada, no es eficiente.
El problema es que hay que decidir que cosas merecen nuestra energía y cuales no, y en el proceso podemos sobre expandir la tendencia a aplazar acciones y decisiones más allá de lo recomendable. Pienso que hoy nos amenaza más la procrastinación que el impulso descontrolado a resolver cuestiones que no valen la pena o el pensamiento obsesivo en el largo plazo. Como tantas otras intuiciones que tenemos del mundo, fueron moldeadas por la evolución durante millones de años en un entorno muy diferente al que nos construimos estos últimos cientos de años.
Acá, hay una serie de tips o consejos rápidos para tratar de manejar la tendencia a la procrastinación:
No se al resto, pero a mí me sirve la racionalización de conductas nocivas como forma de intentar controlarlas. Entender que sufro algunas tendencias no por imbécil, sino porque mi cerebro actúa de determinada forma, me sirve para intentar controlar esas tendencias: abandono la tarea de intentar no sentir lo que siento, que demanda mucha energía y tiene un resultado incierto, para intentar que lo que siento no me haga actuar de forma autodestructiva o perjudicial para mí mismo.
(*) Pocas tareas se me hacen más procrastinables que hacer Gantts. Le comentaba el otro día a L., me convertí a las metodologías ágiles cuando leí que Fowler decía que los Gantts no son la mejor herramienta para aplicar al desarrollo de software
El asunto es que estaba posponiendo algunas obligaciones y en la búsqueda de buenos motivos para seguir posponiendo, di con un interesante artículo de Scientific American Mind (online acá) hablando sobre la tendencia a procrastinar.
Uno, que no cree en coincidencias jungianas, tiende a interpretar estas ‘casualidades’ como demostraciones de que en realidad la cosa no es tan rara y poco común: al fin y al cabo, si algo me ocurre no es que haya una fuerza misteriosa que lo guía sino que había una probabilidad razonablemente alta de que suceda. Según el artículo, el 20% de la gente procrastina (discúlpeseme el verbo) razonablemente seguido, lo que justifica unas cuantas páginas en Internet al respecto y un artículo en el Scientific American Mind.
Hay un motivo para procrastinar: evolucionamos en un ambiente donde la vida era bastante más impredecible que ahora (en el próximo minuto, muchas cosas podían matarte), donde la vida era mucho más corta y donde no tenía demasiado sentido pensar en el largo plazo. En ese ambiente, desarrollamos la tendencia a infravalorar las recompensas y las pérdidas cuanto más lejos estén en el tiempo (y no solo por el concepto de interés monetario) a favor de la satisfacción inmediata.
Como muchas de las cosas que hoy nos causan problemas (el artículo cita unos estudios que hablan de los problemas financieros, laborales y de pareja que sufren los americanos por culpa de esto), la procrastinación tiene, y particularmente tuvo, efectos benéficos. Quiero decir que es fácil dejar atrás algo que nunca sirvió y que no sirve. El problema viene cuando cosas que sirven o sirvieron por mucho tiempo se vuelven perniciosas.
Queda claro por qué la procrastinación sirvió y como ha evolucionado, no solo en los humanos, sino en nuestros primos monos. Cuenta el artículo que se ha sometido a monos a un estudio (lástima que en la edición online no estén las citas), que muestra la tendencia a procrastinar de nuestros primos cuando la recompensa se percibe como lejana en el tiempo.
Ahora, yo creo, como uno de los comentaristas del artículo, que a veces es una buena estrategia posponer decisiones y tareas: en caso contrario gastaríamos energías en cosas que, en perspectiva, no resultan ser tan apremiantes. Esto lo sabe cualquiera que haya trabajado en una empresa con la tendencia a adoptar problemas de moda: problemas que todo el mundo tiene en la boca un tiempo, que se asumen como la prioridad máxima a ser resuelta, se hacen millones de presentaciones mostrando lo terrible que es ese problema y el infierno que espera si no se resuelve pronto y de poco se va apagando el entusiasmo y el apuro, sin que la situación subyacente haya cambiado en lo más mínimo. Claramente, gastar energías en problemas así, dejándose llevar por los impulsos de la manada, no es eficiente.
El problema es que hay que decidir que cosas merecen nuestra energía y cuales no, y en el proceso podemos sobre expandir la tendencia a aplazar acciones y decisiones más allá de lo recomendable. Pienso que hoy nos amenaza más la procrastinación que el impulso descontrolado a resolver cuestiones que no valen la pena o el pensamiento obsesivo en el largo plazo. Como tantas otras intuiciones que tenemos del mundo, fueron moldeadas por la evolución durante millones de años en un entorno muy diferente al que nos construimos estos últimos cientos de años.
Acá, hay una serie de tips o consejos rápidos para tratar de manejar la tendencia a la procrastinación:
- Simplemente empezá, porque el progreso en una tarea muchas veces motiva. Además, no te pierdas en dilaciones de planificación porque la experiencia indica que la mejor forma de obtener información sobre la tarea es comenzar a hacerla (alguien dijo metodologías ágiles?)
- Si tenés enfrente una cuchara con moco y la tenés que tomar, hacelo rápido. No le sumes al displacer de tragarla el displacer de pensar que lo vas a tener que hacer.
- No te engañes: no trabajás mejor bajo presión. No es cierto.
No se al resto, pero a mí me sirve la racionalización de conductas nocivas como forma de intentar controlarlas. Entender que sufro algunas tendencias no por imbécil, sino porque mi cerebro actúa de determinada forma, me sirve para intentar controlar esas tendencias: abandono la tarea de intentar no sentir lo que siento, que demanda mucha energía y tiene un resultado incierto, para intentar que lo que siento no me haga actuar de forma autodestructiva o perjudicial para mí mismo.
(*) Pocas tareas se me hacen más procrastinables que hacer Gantts. Le comentaba el otro día a L., me convertí a las metodologías ágiles cuando leí que Fowler decía que los Gantts no son la mejor herramienta para aplicar al desarrollo de software
Monday, November 24, 2008
Inteligentes y Creativos
Todos queremos ser inteligentes, aún cuando haya algunos problemitas para definir qué cosa es la inteligencia, suponiendo que esta sea una sola cosa. Steven Pinker en su imprescindible libro The Blank Slate da una lista de habilidad cognitivas innatas con las que nacemos
Podríamos (esto es delirio mío, Pinker es inocente) definir 'inteligencia' como el grado de habilidad que tenemos, en cada una de esas áreas, para sacar conclusiones acertadas, con datos limitados y, tal vez, tiempos acuciantes. Incluso, un tipo de inteligencia podría ser la capacidad para elaborar, a partir de nuestras 'intuiciones primarias', métodos para describir adecuadamente lo que nos rodea, muchas veces contradiciendo lo que nuestras intuiciones innatas nos hacen pensar.
Claro que además de inteligentes queremos ser creativos. Y como queremos ser creativos e inteligentes (nos han mostrado, con un montón de datos que sustentan esta idea, que la inteligencia y la creatividad tienen una alta correlación con el éxito) tendemos a ser abiertos cuando nos proponen métodos para aumentar nuestra creatividad e inteligencia.
Pero hay malas noticias: tal parece que no somos una tabla rasa (o un blank slate, de ahí el título de su libro): tenemos gustos, personalidades y, también habilidades innatas (y falta de habilidad innatas, también). Pinker es convincente, al menos, para quienes ya no pensábamos, al momento de tomar su libro, que existiera algo así como el alma y que, en definitiva, la mente es lo que cerebro hace, casi como la circulación es el resultado de la actividad del corazón.
Pinker es convincente. Si aceptamos el monismo (el materialista, claro), viendo la diferencia de habilidades corporales en los humanos, no encontramos razón para no pensar que también debe haber diferencia de habilidades intelectuales porque, al fin y al cabo, si estas últimas son fruto de la acción del cerebro su naturaleza no es muy distinta que la naturaleza de las primeras.
Decía que son malas noticias porque significaría que no podemos aumentar nuestra creatividad e inteligencia, solo la podemos desarrollar y entrenar, lo que podría llevar a una mejora de los resultados obtenidos, pero la limitación de hardware sigue estando allí, operando silenciosa, inflexible, y un poco cruel a veces.
Y la peor noticia para los que venden métodos para desarrollar la creatividad y la inteligencia es que no sabemos que cosas pueden desarrollar la creatividad y la inteligencia.
Sí sabemos que una persona inteligente o creativa puede sentir que no le conviene mostrar sus cualidades en determinados ambientes (si vamos por la pendiente resbaladiza, mala para argumentar pero buena para las metáforas, un campo de concentración no es un buen lugar para mostrar integridad intelectual, creatividad y predisposición a examinar críticamente a la autoridad, por ejemplo) y ese, me parece, es el limitado campo de acción de los métodos de la creatividad e inteligencia en la empresa.
Y por qué esto? Porque estos días estuvieron sobrevolando por acá, y por una ciclo de conferencias por lo demás muy bueno, algunos buitres que venden cursos y métodos (sin ninguna validez empírica, por supuesto) para hacer de todos nosotros gente creativa e inteligente, cuando la evidencia es que no tenemos una inteligencia que destaque y que somos bastante conservadores.
Las propuestas de esta gente siempre giran sobre lo mismo:
Pero bueno, se ve que no soy un tipo creativo.
Podríamos (esto es delirio mío, Pinker es inocente) definir 'inteligencia' como el grado de habilidad que tenemos, en cada una de esas áreas, para sacar conclusiones acertadas, con datos limitados y, tal vez, tiempos acuciantes. Incluso, un tipo de inteligencia podría ser la capacidad para elaborar, a partir de nuestras 'intuiciones primarias', métodos para describir adecuadamente lo que nos rodea, muchas veces contradiciendo lo que nuestras intuiciones innatas nos hacen pensar.
Claro que además de inteligentes queremos ser creativos. Y como queremos ser creativos e inteligentes (nos han mostrado, con un montón de datos que sustentan esta idea, que la inteligencia y la creatividad tienen una alta correlación con el éxito) tendemos a ser abiertos cuando nos proponen métodos para aumentar nuestra creatividad e inteligencia.
Pero hay malas noticias: tal parece que no somos una tabla rasa (o un blank slate, de ahí el título de su libro): tenemos gustos, personalidades y, también habilidades innatas (y falta de habilidad innatas, también). Pinker es convincente, al menos, para quienes ya no pensábamos, al momento de tomar su libro, que existiera algo así como el alma y que, en definitiva, la mente es lo que cerebro hace, casi como la circulación es el resultado de la actividad del corazón.
Pinker es convincente. Si aceptamos el monismo (el materialista, claro), viendo la diferencia de habilidades corporales en los humanos, no encontramos razón para no pensar que también debe haber diferencia de habilidades intelectuales porque, al fin y al cabo, si estas últimas son fruto de la acción del cerebro su naturaleza no es muy distinta que la naturaleza de las primeras.
Decía que son malas noticias porque significaría que no podemos aumentar nuestra creatividad e inteligencia, solo la podemos desarrollar y entrenar, lo que podría llevar a una mejora de los resultados obtenidos, pero la limitación de hardware sigue estando allí, operando silenciosa, inflexible, y un poco cruel a veces.
Y la peor noticia para los que venden métodos para desarrollar la creatividad y la inteligencia es que no sabemos que cosas pueden desarrollar la creatividad y la inteligencia.
Sí sabemos que una persona inteligente o creativa puede sentir que no le conviene mostrar sus cualidades en determinados ambientes (si vamos por la pendiente resbaladiza, mala para argumentar pero buena para las metáforas, un campo de concentración no es un buen lugar para mostrar integridad intelectual, creatividad y predisposición a examinar críticamente a la autoridad, por ejemplo) y ese, me parece, es el limitado campo de acción de los métodos de la creatividad e inteligencia en la empresa.
Y por qué esto? Porque estos días estuvieron sobrevolando por acá, y por una ciclo de conferencias por lo demás muy bueno, algunos buitres que venden cursos y métodos (sin ninguna validez empírica, por supuesto) para hacer de todos nosotros gente creativa e inteligente, cuando la evidencia es que no tenemos una inteligencia que destaque y que somos bastante conservadores.
Las propuestas de esta gente siempre giran sobre lo mismo:
- Toda Idea es Bienvenida, por lo que suponemos que la idea de que el HIV no existe o, en todo caso, no produce el SIDA, sino que es una conspiración del 'establishment médico' para vender drogas caras tiene el mismo valor que las ideas que han llevado al desarrollo de antiretrovirales que funcionan. Perfecto, no podría estar más de acuerdo.
- Toda ocurrencia, imagen, recuerdo se debe expresar sin considerarla: obvia, insignificante, inmoral o ridícula. Toda idea ha de ser escrita, dibujada, sin autocensurarse. Impecable, agobiemos al prójimo con relatos pormenorizados de nuestra última partida de truco.
- Toda crítica será pospuesta. Hay un momento para generar ideas y otro momento para valorarlas, evaluarlas. No censurar: cuando alguien propone que los planetas influyen en si la mujer (o el hombre) que nos gusta va a acceder a nuestro cortejo no se puede decir que es ridículo, porque, claro, sería censurar.
- La cantidad de ideas es muy importante debido a que de antemano no se puede saber cual de las ideas puede resultar seleccionada, posteriormente, para resolver un problema o para encontrar una nueva solución. Eso! A sumar ideas!! Que tal vez vestirse pirata para luchar contra el cambio climático? (no, perdón, eso sí era una excelente idea. Ruego que Él se apiade de mi herejía)
Pero bueno, se ve que no soy un tipo creativo.
Wednesday, November 19, 2008
Escuchábamos ayer
"If we have learned anything throughout this year we have learned that this financial crisis is unpredictable and difficult to counteract", dijo Paulson estos días (un diario argentino, conocido por su exquisita redacción, tituló "Paulson: lo que aprendí de crisis es que es impredecible")
"Hace un año pensábamos que teníamos precios de commodities altos por diez años más, incluso hubo casi una guerra civil para ver quien se quedaba con la renta extraordinaria y hoy aquí estamos, con precios bajos", dijo (esta la escuché de primera mano) Juan Gabardini ayer mismo en una presentación de SPIN, para introducir su charla sobre Scrum mencionando una característica importantísima de este framework para desarrollo: no intenta predecir el cambio, sino adaptarse a él.
(Nota al margen: sí, también estoy podrido de usar la palabra framework para todo, pero sería mucho más difícil escribir sin esos sustantivos que a fuerza de uso indiscriminado ya no significan nada pero nos permiten, a quienes no somos el genial Georgie, terminar una oración más o menos de acuerdo a las reglas del idioma)
En mi actividad, el desarrollo de software, conocí mucha gente que, como Paulson, insisten en que el problema no es con intentar predecir el futuro, sino con la situación particular que estamos tratando: oigan, el sistema funciona, que esta vez nos haya salido mal no dice nada del sistema, sino de nosotros. Que la tasa de fallos sea tan alta, es un detalle que conviene ignorar.
Me gusta de Scrum (y de XP, y del enfoque ágil en general) que acepta que el futuro no se puede predecir, que lo que deberíamos hacer es prepararnos para el cambio, no intentar anticiparlo. Para los programadores, que gustamos de programar de la forma más genérica posible para asegurar el uso de lo que estamos desarrollando en el futuro, es un gran golpe. Tan grande, de hecho, que uno de los mayores promotores de las metodologías ágiles que conozco defendía, al menos hasta hace un tiempo, el desarrollo de módulos independientes del motor de base de datos para asegurar la posible futura portabilidad entre bases de datos (estábamos hablando de un sistema enorme, hecho a medida para una gran empresa, que dificilmente pudiera ser migrado a otro motor de base de datos)
Puedo pensar en algunas limitaciones de Scrum (por ejemplo, cuando la necesidad de fijar variables financieras de antemano es superior a la necesidad de asegurar que todos los aspectos del producto generado sean útiles) y ciertamente me parece que temas como la practica de arquitecture envisioning y las iteraciones cero y menos uno son una buena extensión, ya que necesitamos estar de acuerdo en algunas cuestiones básicas de arquitectura antes de comenzar a desarrollar algo, particularmente cuando lo hacemos desde cero.
Tampoco soy un gran fan de la postura absolutista que suelen tener los iniciadores de algo que sostiene que si no se sigue al pie de la letra sus sabias enseñanzas, te apartás de la verdad y el camino y lo que ya no sos un verdadero feligrés. Puedo entender que no tiene sentido hablar de la adopción parcial de un estandar (cosa que el imperio del mal continuamente hace y hará, al menos, hasta que logre dominar por completo al comité de estándares ), pero no me cierra que Scrum (o cualquier otra cosa) haya alcanzado su forma perfecta, o al menos, su mejor forma posible. Se podría decir que comete el mismo error que Kuhn, que pretende que su paradigma de la inconmensurabilidad de los paradigmas no cae víctima de lo mismo que pregona, pero voy a resistir la tentación de hacer de epistemólogo en pantuflas por esta vez.
A pesar de lo anterior, me parece que el balance es positivo en favor de las metodologías ágiles: aceptamos que no sabemos exactamente qué necesitamos, aceptamos que no sabemos exactamente cuanto nos costará construirlo y no pretendemos sostener que sabemos. Ese es un gran paso.
De la presentación de Juan Gabardini, me quedó dando vuelta un frase: "el Scrum master es el responsable por el éxito del proyecto, sin embargo, no tiene poder de mando sobre el equipo". A mí este concepto me hace ruido: que la responsabilidad por el resultado debe ir acompañada por capacidad para decidir es un concepto arraigado en todos nosotros, no solo en lo que refiere a proyectos (por ejemplo, no condenamos a asesinos que no tuvieran, al momento de cometer su crimen, la capacidad para entender que estaban haciendo) y no estoy seguro de que sea un concepto que deba ser revisado.
La presentación siguiente fue la de Santiago Ceria, que comentó sobre sus particularizaciones a Scrum. En una charla muy interesante comentó la lista de sus pecados: suele hacer minutas de reunión y algunos documentos adicionales. Al fin y al cabo, Scrum no hace a los humanos diferentes a lo que son hoy y el donde dije digo digo diego no se va a ir con ninguna met... digo framework de trabajo: los humanos somos muy buenos para eludir responsabilidad (incluso sin mala intención) y no alcanza con proponernos cambiar para cambiar.
Me aventuro a conjeturar que, en la mayoría de los ámbitos, las prácticas de las metodologías no ágiles ( o menos ágiles ) que apuntan a dejar rastro de las decisiones de cada uno, no van a desaparecer.
"Hace un año pensábamos que teníamos precios de commodities altos por diez años más, incluso hubo casi una guerra civil para ver quien se quedaba con la renta extraordinaria y hoy aquí estamos, con precios bajos", dijo (esta la escuché de primera mano) Juan Gabardini ayer mismo en una presentación de SPIN, para introducir su charla sobre Scrum mencionando una característica importantísima de este framework para desarrollo: no intenta predecir el cambio, sino adaptarse a él.
(Nota al margen: sí, también estoy podrido de usar la palabra framework para todo, pero sería mucho más difícil escribir sin esos sustantivos que a fuerza de uso indiscriminado ya no significan nada pero nos permiten, a quienes no somos el genial Georgie, terminar una oración más o menos de acuerdo a las reglas del idioma)
En mi actividad, el desarrollo de software, conocí mucha gente que, como Paulson, insisten en que el problema no es con intentar predecir el futuro, sino con la situación particular que estamos tratando: oigan, el sistema funciona, que esta vez nos haya salido mal no dice nada del sistema, sino de nosotros. Que la tasa de fallos sea tan alta, es un detalle que conviene ignorar.
Me gusta de Scrum (y de XP, y del enfoque ágil en general) que acepta que el futuro no se puede predecir, que lo que deberíamos hacer es prepararnos para el cambio, no intentar anticiparlo. Para los programadores, que gustamos de programar de la forma más genérica posible para asegurar el uso de lo que estamos desarrollando en el futuro, es un gran golpe. Tan grande, de hecho, que uno de los mayores promotores de las metodologías ágiles que conozco defendía, al menos hasta hace un tiempo, el desarrollo de módulos independientes del motor de base de datos para asegurar la posible futura portabilidad entre bases de datos (estábamos hablando de un sistema enorme, hecho a medida para una gran empresa, que dificilmente pudiera ser migrado a otro motor de base de datos)
Puedo pensar en algunas limitaciones de Scrum (por ejemplo, cuando la necesidad de fijar variables financieras de antemano es superior a la necesidad de asegurar que todos los aspectos del producto generado sean útiles) y ciertamente me parece que temas como la practica de arquitecture envisioning y las iteraciones cero y menos uno son una buena extensión, ya que necesitamos estar de acuerdo en algunas cuestiones básicas de arquitectura antes de comenzar a desarrollar algo, particularmente cuando lo hacemos desde cero.
Tampoco soy un gran fan de la postura absolutista que suelen tener los iniciadores de algo que sostiene que si no se sigue al pie de la letra sus sabias enseñanzas, te apartás de la verdad y el camino y lo que ya no sos un verdadero feligrés. Puedo entender que no tiene sentido hablar de la adopción parcial de un estandar (cosa que el imperio del mal continuamente hace y hará, al menos, hasta que logre dominar por completo al comité de estándares ), pero no me cierra que Scrum (o cualquier otra cosa) haya alcanzado su forma perfecta, o al menos, su mejor forma posible. Se podría decir que comete el mismo error que Kuhn, que pretende que su paradigma de la inconmensurabilidad de los paradigmas no cae víctima de lo mismo que pregona, pero voy a resistir la tentación de hacer de epistemólogo en pantuflas por esta vez.
A pesar de lo anterior, me parece que el balance es positivo en favor de las metodologías ágiles: aceptamos que no sabemos exactamente qué necesitamos, aceptamos que no sabemos exactamente cuanto nos costará construirlo y no pretendemos sostener que sabemos. Ese es un gran paso.
De la presentación de Juan Gabardini, me quedó dando vuelta un frase: "el Scrum master es el responsable por el éxito del proyecto, sin embargo, no tiene poder de mando sobre el equipo". A mí este concepto me hace ruido: que la responsabilidad por el resultado debe ir acompañada por capacidad para decidir es un concepto arraigado en todos nosotros, no solo en lo que refiere a proyectos (por ejemplo, no condenamos a asesinos que no tuvieran, al momento de cometer su crimen, la capacidad para entender que estaban haciendo) y no estoy seguro de que sea un concepto que deba ser revisado.
La presentación siguiente fue la de Santiago Ceria, que comentó sobre sus particularizaciones a Scrum. En una charla muy interesante comentó la lista de sus pecados: suele hacer minutas de reunión y algunos documentos adicionales. Al fin y al cabo, Scrum no hace a los humanos diferentes a lo que son hoy y el donde dije digo digo diego no se va a ir con ninguna met... digo framework de trabajo: los humanos somos muy buenos para eludir responsabilidad (incluso sin mala intención) y no alcanza con proponernos cambiar para cambiar.
Me aventuro a conjeturar que, en la mayoría de los ámbitos, las prácticas de las metodologías no ágiles ( o menos ágiles ) que apuntan a dejar rastro de las decisiones de cada uno, no van a desaparecer.
Wednesday, November 12, 2008
La verdad en diez palabras
Me encantan las frases motivadoras, los slogans (no, eslóganes), que pretenden ser enseñanzas demoledoras de como hay que ser, de como hay que pensar, de como hay que actuar. Me fascinan. Ejercen sobre mí el mismo atractivo que las soluciones sencillas y cortas, y no me dejo entristecer por el hecho de que tanta simplificación se haga al precio de la eficacia e incluso de la utilidad (y ni hablar del valor de verdad).
Pero mi gozo con las frasecitas aumenta con son atribuidas a alguna luminaria. Y en particular, cuando la atribución es falsa, o, al menos dudosa (así como Galileo es el santo patrono de los chiflados autocompasivos, Einstein podría ser el santo patrono de los amantes de las citas ridículas). Por eso, lamento que mi eslogan preferido ("lo único constante es el cambio", o algo así) no haya sido atribuido a Einstein. De todas maneras, no pierdo las esperanzas.
Aunque la frase "lo único constante es el cambio" nos suene a verdad de Perogrullo, actuamos como si esto no pasara, como si pudiéramos elegir que las cosas no cambien. En una profesión que gustamos de vender tan adicta al cambio vertiginoso que nosotros como nerds-geeks-geniales manejamos como nadie, gustamos de perpetuar algunos conceptos (como el de desarrollo en cascada, por ejemplo). Así, decimos cosas que han sido verdad hace millones de años (bueno, tal vez exagere) sin detenernos a pensar si son ciertas hoy.
Puedo entender uno de los motivos para este problema: uno no puede estar revisando permanentemente todo lo que ha aprendido. Y no es un problema que así sea, particularmente cuando hablamos de los conceptos de la base teórica (los BTrees andan más o menos igual desde hace unos cuantos años, por ejemplo), pero no estaría mal intentar recordar que las recetitas tecnológicas cambian con facilidad.
Por recetitas tecnológicas entiendo un tipo de pequeños mandamientos taxativos sobre como implementar, o sobre que cosas deben hacerse y que cosas no, que suelen propagarse a través de las versiones de una base de datos, sistemas operativos, lenguajes de programación y cosas así. Por ejemplo, "un cursor explícito es siempre más rápido que uno implícito", o "tenés que poner tus DML en procedimientos almacenados en la base", "tenés un full table scan, agregale un índice" y uno de mis preferidos: "no concatenes strings directamente, usá un StringBuffer".
El problema con estas recetitas tecnológicas es que suelen ser falsas, o, al menos, tienden a desactualizarse con facilidad (de las mencionadas, algunas fueron ciertas en algún momento y otras han sido siempre falsas o, al menos, discutibles). Más o menos me acostumbré a ellas y puedo explicar pacientemente a quien lo requiera por qué una recetita de esas es un mito (o puedo mandarlo a la entrada correspondiente de la wiki, para ser más honesto).
Si bien suelo ser paciente, el otro día perdí la paciencia. Un tipo que estaba tratando de convencerme de que debía comprar (que la empresa debía comprar, mejor dicho) un software propietario para inspección de código que no hacía mucho más que PMD, Checkstyles y Macker combinados me mandó una presentación de su maravilloso (según él) y caro (según el presupuesto) producto. En la segunda hoja del primoroso powerpoint los fabricantes de la herramientas tranquilizaban al lector diciendo que su herramienta era capaz de impedir que módulo, programa o similar que tuviera una query que hiciera un full table scan fuera a producción. Y luego, que detectaba problemas de performance como la concatenación de Strings en lugar del uso de StringBuffers. Esa presentación me convenció: la herramienta en cuestión hacía más cosas que la combinación de PMD + Macker + CheckStyles, el único problema era que las hacía mal.
De alguna manera, se les olvidó revisar sus conceptos sobre la performance de herramientas formados hace unos cuantos años, aunque pusieran en la presentación de su herramienta que "lo único constante es el cambio" (o algo así). Creo que estoy llegando a darme cuenta por qué me gustan los eslóganes: nos hacen pensar que actuamos como nos gustaría actuar, no como en realidad actuamos.
De esta anécdota surgió algo interesante. Nuestro embrionario detector de camelos informáticos (inspirado, claro, en el de Carl Sagan, y cuyo nombre más formal podría ser manual de procedimientos de verificación y validación de CMMI L3) incorporará algunas guías sobre como tratar las frases cortitas y taxativas no autoevidentes que parecen confiar en características ocultas o en internals de la tecnología: en el mejor de los casos, como algo que fue cierto alguna vez o es cierto en una versión muy específica y que debe tratarse con cuidado fuera de un ambiente muy definido (por aquello de la inevitabilidad del cambio). En el peor de los casos, como basura sin sentido.
Pero mi gozo con las frasecitas aumenta con son atribuidas a alguna luminaria. Y en particular, cuando la atribución es falsa, o, al menos dudosa (así como Galileo es el santo patrono de los chiflados autocompasivos, Einstein podría ser el santo patrono de los amantes de las citas ridículas). Por eso, lamento que mi eslogan preferido ("lo único constante es el cambio", o algo así) no haya sido atribuido a Einstein. De todas maneras, no pierdo las esperanzas.
Aunque la frase "lo único constante es el cambio" nos suene a verdad de Perogrullo, actuamos como si esto no pasara, como si pudiéramos elegir que las cosas no cambien. En una profesión que gustamos de vender tan adicta al cambio vertiginoso que nosotros como nerds-geeks-geniales manejamos como nadie, gustamos de perpetuar algunos conceptos (como el de desarrollo en cascada, por ejemplo). Así, decimos cosas que han sido verdad hace millones de años (bueno, tal vez exagere) sin detenernos a pensar si son ciertas hoy.
Puedo entender uno de los motivos para este problema: uno no puede estar revisando permanentemente todo lo que ha aprendido. Y no es un problema que así sea, particularmente cuando hablamos de los conceptos de la base teórica (los BTrees andan más o menos igual desde hace unos cuantos años, por ejemplo), pero no estaría mal intentar recordar que las recetitas tecnológicas cambian con facilidad.
Por recetitas tecnológicas entiendo un tipo de pequeños mandamientos taxativos sobre como implementar, o sobre que cosas deben hacerse y que cosas no, que suelen propagarse a través de las versiones de una base de datos, sistemas operativos, lenguajes de programación y cosas así. Por ejemplo, "un cursor explícito es siempre más rápido que uno implícito", o "tenés que poner tus DML en procedimientos almacenados en la base", "tenés un full table scan, agregale un índice" y uno de mis preferidos: "no concatenes strings directamente, usá un StringBuffer".
El problema con estas recetitas tecnológicas es que suelen ser falsas, o, al menos, tienden a desactualizarse con facilidad (de las mencionadas, algunas fueron ciertas en algún momento y otras han sido siempre falsas o, al menos, discutibles). Más o menos me acostumbré a ellas y puedo explicar pacientemente a quien lo requiera por qué una recetita de esas es un mito (o puedo mandarlo a la entrada correspondiente de la wiki, para ser más honesto).
Si bien suelo ser paciente, el otro día perdí la paciencia. Un tipo que estaba tratando de convencerme de que debía comprar (que la empresa debía comprar, mejor dicho) un software propietario para inspección de código que no hacía mucho más que PMD, Checkstyles y Macker combinados me mandó una presentación de su maravilloso (según él) y caro (según el presupuesto) producto. En la segunda hoja del primoroso powerpoint los fabricantes de la herramientas tranquilizaban al lector diciendo que su herramienta era capaz de impedir que módulo, programa o similar que tuviera una query que hiciera un full table scan fuera a producción. Y luego, que detectaba problemas de performance como la concatenación de Strings en lugar del uso de StringBuffers. Esa presentación me convenció: la herramienta en cuestión hacía más cosas que la combinación de PMD + Macker + CheckStyles, el único problema era que las hacía mal.
De alguna manera, se les olvidó revisar sus conceptos sobre la performance de herramientas formados hace unos cuantos años, aunque pusieran en la presentación de su herramienta que "lo único constante es el cambio" (o algo así). Creo que estoy llegando a darme cuenta por qué me gustan los eslóganes: nos hacen pensar que actuamos como nos gustaría actuar, no como en realidad actuamos.
De esta anécdota surgió algo interesante. Nuestro embrionario detector de camelos informáticos (inspirado, claro, en el de Carl Sagan, y cuyo nombre más formal podría ser manual de procedimientos de verificación y validación de CMMI L3) incorporará algunas guías sobre como tratar las frases cortitas y taxativas no autoevidentes que parecen confiar en características ocultas o en internals de la tecnología: en el mejor de los casos, como algo que fue cierto alguna vez o es cierto en una versión muy específica y que debe tratarse con cuidado fuera de un ambiente muy definido (por aquello de la inevitabilidad del cambio). En el peor de los casos, como basura sin sentido.
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Sunday, November 9, 2008
Poder de Síntesis
Our posturings, our imagined self-importance, the delusion that we have some privileged position in the Universe, are challenged by this point of pale light.
Our planet is a lonely speck in the great enveloping cosmic dark. In our obscurity, in all this vastness, there is no hint that help will come from elsewhere to save us from ourselves.
A Pale Blue Dot, Carl Sagan.
No recuerdo haber leído otro ningún otro párrafo con la abrumadora fuerza del copiado arriba. En unas pocas decenas de palabras sintetiza conceptos filosóficos, científicos y éticos con admirable arte, para terminar con una conclusión que aparece arrolladora, irrefutable y motivante: estamos en la oscuridad, en un universo algo hostil de tan indiferente, a solas con nuestra inteligencia, fuente de unas cuantas amenazas y peligros, a la vez que la única herramienta capaz de hacernos sobrevivir y, más aún, vivir mejor.
Creo que la ciencia no solo depara placer lúdico ( el placer de descubrir, que diría otro involuntario huésped de este blog), sino que la adopción amplia de su método y filosofía, más allá de los ambientes académicos, puede mejorar la sociedad en la que vivimos. Como copiábamos más arriba, estamos solos en esto, a merced de lo que buenamente podamos entender.
Puede que Carl Sagan no haya sigo uno de esos científicos que expanden el conocimiento, viendo algo donde los demás no vieron nada. Pero porque creo en la importancia social del conocimiento científico y del pensamiento crítico, creo que el aporte de Carl Sagan a la humanidad ha sido enorme, por más que su nombre apenas figure en las búsquedas de SpringerLink o no haya recibido un Nobel por haber revolucionado la forma de entender el mundo.
De todas formas, me animo a decir que en un sentido íntimo y subjetivo, sí ha tenido enorme influencia en la forma de entender el mundo. Por supuesto que no para los académicos, no si tomamos el cuerpo de conocimientos existente. Pero, en cambio, de alguna manera, ha logrado que la ciencia exista para mucha gente, la ha hecho visible e importante a los ojos de un público vastísimo y heterogéneo: sus libros han sido la íntima y personal revolución de la ilustración para muchos que los han leído, yo entre ellos.
El equipo de detección de camelos debería ser de portación obligatoria.
Ah, por cierto, hoy Carl Sagan cumpliría 74 años.
Our planet is a lonely speck in the great enveloping cosmic dark. In our obscurity, in all this vastness, there is no hint that help will come from elsewhere to save us from ourselves.
A Pale Blue Dot, Carl Sagan.
No recuerdo haber leído otro ningún otro párrafo con la abrumadora fuerza del copiado arriba. En unas pocas decenas de palabras sintetiza conceptos filosóficos, científicos y éticos con admirable arte, para terminar con una conclusión que aparece arrolladora, irrefutable y motivante: estamos en la oscuridad, en un universo algo hostil de tan indiferente, a solas con nuestra inteligencia, fuente de unas cuantas amenazas y peligros, a la vez que la única herramienta capaz de hacernos sobrevivir y, más aún, vivir mejor.
Creo que la ciencia no solo depara placer lúdico ( el placer de descubrir, que diría otro involuntario huésped de este blog), sino que la adopción amplia de su método y filosofía, más allá de los ambientes académicos, puede mejorar la sociedad en la que vivimos. Como copiábamos más arriba, estamos solos en esto, a merced de lo que buenamente podamos entender.
Puede que Carl Sagan no haya sigo uno de esos científicos que expanden el conocimiento, viendo algo donde los demás no vieron nada. Pero porque creo en la importancia social del conocimiento científico y del pensamiento crítico, creo que el aporte de Carl Sagan a la humanidad ha sido enorme, por más que su nombre apenas figure en las búsquedas de SpringerLink o no haya recibido un Nobel por haber revolucionado la forma de entender el mundo.
De todas formas, me animo a decir que en un sentido íntimo y subjetivo, sí ha tenido enorme influencia en la forma de entender el mundo. Por supuesto que no para los académicos, no si tomamos el cuerpo de conocimientos existente. Pero, en cambio, de alguna manera, ha logrado que la ciencia exista para mucha gente, la ha hecho visible e importante a los ojos de un público vastísimo y heterogéneo: sus libros han sido la íntima y personal revolución de la ilustración para muchos que los han leído, yo entre ellos.
El equipo de detección de camelos debería ser de portación obligatoria.
Ah, por cierto, hoy Carl Sagan cumpliría 74 años.
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