Friday, April 3, 2009

Vendiendo Indulgencias

Me entero que han ingresado en la legislatura de la ciudad de buenos aires dos proyectos para la colegiación de los profesionales que actúan en el ámbito de la ciudad, lo que incluye, claro, a los informáticos.

Lo que sigue es un juicio de intenciones, cosa que convendría no hacer, pero creo que cuando la mala leche es tanta y tan mala, hay pocas alternativas.


Entiendo que hay dos clases de personas que apoyan la colegiación:


  • El primer grupo está compuesto por un grupo de inútiles que pretende vivir de vender indulgencias y de cobrar la matrícula de quienes sí trabajamos y tenemos como norte seguir haciéndolo (o dejar de hacerlo por un método más decente, como ganar la lotería, pegarla con una acción o asaltar un banco).
  • El segundo grupo está compuesto por un grupo algo mayor que el primero. El de aquellos que se sospechan, con razón o sin ella, no muy buenos en lo suyo y esperan que achicando el denominador sus probabilidades mejoren: es decir, esperan que eliminando la competencia en base a criterios que poco tienen que ver con la habilidad laboral su situación en el mercado mejore. Ahora se me ocurre que hay un subgrupo dentro de este grupo: aquellos que no se sienten poco hábiles, sino que sienten que el mercado no reconoce sus increíbles habilidades. Esperan, por este medio, que se instrumente un mecanismo por fuera del mercado para corregir semejante injusticia: me contratás a mí no porque te parezca más hábil, sino porque tengo matrícula.

Puede que exista un tercer grupo: aquellos que están honestamente convencidos que la matriculación mejorará el nivel profesional (y de profesiones que piden a gritos una mejora en el nivel, como la informática). Agrego este grupo no porque tenga pruebas de que exista, sino por seguir la regla de que la ausencia de evidencia no es evidencia de la ausencia. Pero sí, no encuentro evidencias de que este grupo exista.


Podría argumentar por qué no creo que sirva un colegio, y los argumentos irían en estas líneas:


  • No hay evidencia de que las estructuras burocráticas mejoren el nivel académico e intelectual, y si hay evidencias de lo contrario.
  • No es ni justo ni conveniente decirle a una empresa a quien puede contratar y a quien no.
  • Con respecto a la responsabilidad legal por mala praxis profesional que pudiera resultar en problemas para terceros, se puede resolver sin colegio: los médicos en la ciudad de buenos aires no tienen colegio y responden legalmente por sus malas praxis.
  • No quiero pagar matrícula en forma obligatoria.
  • No me parece justo que me obliguen a no contratar a los excelentes profesionales que conozco que no tienen título universitario (da la casualidad, los dos mejores que conozco no tienen título).
Pero no voy a desarrollar estos argumentos, porque estaría sucumbiendo a la falacia de la inversión de la carga de la prueba. La carga de la prueba la tiene quien afirma, por lo que son quienes proponen el colegio quienes deben demostrar para qué serviría y como lograría los objetivos. Hasta donde vi, están lejos de lograr este objetivo.

Leía el proyecto de Martín Borrelli, legislador por el PRO y titular del Partido Federal de la ciudad de buenos aires ( la melange ideológica del nacional-conservadora-economicoliberal-malvinera de su partido es realmente divertida, si es que fuera una broma de Peter Capusoto). El asunto empieza bien, dice:


No es ocioso recordar que aprobada la colegiación, la matriculación se vuelve obligatoria y con ella, la imposición de aranceles o contribuciones para el ejercicio de la profesión y el sostenimiento de las estructuras burocráticas del nuevo colegio. Allí donde antes no había nada, ahora florecen oficinas, cursos y empleados. Allí donde imperaba la autorregulación, aparecen los tribunales de disciplina para imponer sanciones.

Bravo! Ese texto es un verdadero liberal, pensé. No es que coincida en todo con un verdadero esco… liberal, pero se trata de una posición intelectual con innegable valor, pero bueno, este no es el caso (este tampoco es el caso, debería decir) . Sigue:


Sin el debate necesario los colegios profesionales se convierten en una herramienta de pocos, en botines de grupos dominantes, en especulación electoral, y el mérito o conveniencia de su creación deja de ser la de los sujetos de regulación de dicha ley –los propios profesionales- para transformarse en una cuestión de mera oportunidad convalidada por la Legislatura y sus mayorías ocasionales.


Bueno, acá se le empiezan a ver las plumas: el problema no es la imposición de aranceles y contribuciones, ni la existencia de burocracia ni un tribunal de notables diciéndole al mercado que carajo tiene que hacer, no. El problema es que sea un botín algunos. Un pensamiento notable por lo contradictorio: no es malo el concepto de que alguien se apropie de una actividad, lo malo es que alguien se apropie de la actividad en la vida real.


Para evitar eso que, con justa razón, identifica como pernicioso, propone crearlo. Luego de la necesaria discusión y consenso, claro.
Alguien sigue su fuzzy logic?, yo no.

El lunes 6 de Abril, en en el Anfiteatro 3 de la sede Las Heras de la FIUBA habrá una reunión al respecto.

2 comments:

pablo said...

me parece buenisimo ! el tipo esta en contra de hacer un colegio, pero lo quiere crear, y al mismo tiempo que se arrepiente porque va a perder el control de su creacion en las proximas elecciones.
Es cierto que la estupidez es mas interesante que la inteligencia. La inteligencia tiene limite, este idiota no

Improbable said...

Hoy estuve en la reunión en la FIUBA. El tema del colegio de informáticos no era de las preocupaciones generales, y la asesora del tal Borrelli que allí estaba me sorprendió gratamente hablando mal del consejo de ciencias informáticas de la ciudad.